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Prof. Ben Givon Stories Solo 17 historias casuales sobre encuentros con penes MUY grandes

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2.

El problema de la punta.

Siendo lesbiana, no he visto muchos penes desde que perdí la virginidad a los 17. Pero mi primera experiencia con alguien del sexo opuesto fue con un chico que, hasta la fecha, tiene el pene más grande que he visto en mi vida. Estábamos acampando con un grupo grande junto a un río. Mi novio de la secundaria y yo nos fuimos temprano a mi casa de campaña, donde empezamos a fajar con todo. Después de darle permiso, él sacó rápidamente un pene muy largo, macizo como la roca y extremadamente grueso. Pasamos los siguientes diez minutos solo intentando meter la puntita. No podría decir que esta experiencia me alejó de los hombres (eso ya estaba definido) pero definitivamente me hizo apreciar la belleza del lubricante.

3.

El chico del “reality show” duro como la roca.

Poco tiempo atrás, digamos que me enamoré de un tipo que estaba en mi “reality show” preferido de la TV. Yo era fan de él y miraba su Instagram en vivo cada vez que podía. Un día tomó nota de mí a raíz de un comentario que hice y me envió un mensaje directo. Intercambiamos números y terminamos desarrollando una relación a larga distancia. Un día me mandó una foto de su pene que casi hace que me ahogue con mi café. Estoy segura que me hubiera partido en dos. Desafortunadamente, terminamos la cosas antes de que viajara a verlo.

4.

El compañero de baño.

Estaba buscando unas bebidas con mi mejor amigo y él invitó a un compañero. Tuvimos que usar el baño casi al mismo tiempo. Para hacer corta esta historia, la tenía tan grande que tenía que usar ambas manos para hacer pipi. No sentí envidia, solo miedo.

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5.

El “tronco de pene” del… cielo.

Conocí a un chico en Tinder, y después de una de nuestras citas terminamos yendo a su casa. Sinceramente, fui con la idea de resistirme, pero no pude conmigo misma y la ropa voló. Mi movimiento predilecto es colgar mi cabeza del borde de la cama y quitarle el pantalón mientras él está parado encima mío antes de empezar a chupársela. Cuando le bajé los bóxeres, su pene me golpeó la frente y casi me ahogué al imaginar esa cosa en mi garganta. Creo que no lo pude meter en mi boca más de dos centímetros, y el sexo fue casi imposible de disfrutar. CASI. No hace falta decir que, a veces, cuando me siento valiente, le echo una llamadita.

oliviavincentk

6.

El tecladista.

Cuando iba a la escuela, había un chico que durante meses intentó juntarse conmigo. No paraba de decirme “mi pene tiene el tamaño de un teclado” y yo lo ignoraba continuamente. Finalmente, cambié de parecer. Estaba en su habitación y cuando la sacó, lo primero que pensé fue: “Ay, dios mío, sí que tiene el tamaño de un teclado de juguete para niños”. No podía meter más que la puntita sin que se saliera. Una vez se resbaló y apreté muy fuerte mis muslos, muy muy fuerte para que pensara que estaba teniendo sexo con mi vagina, porque no había manera que eso me entrara.

7.

El pene grande con pene grande.

El de mi exnovio medía unos 28 cm. Él era un pene gigante, así que supongo que era lógico que tuviera también uno así.

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8.

El profesional.

Yo estaba en mi segundo año de la universidad y era virgen. El chico estaba en una de mis clases y habíamos estado coqueteando hasta que una noche me invitó a su cuarto. Obviamente, cuando lo vi por primera vez pensé que era común porque no había visto muchos penes antes, pero apenas podía rodearlo con mi boca. Cuando trató de meterlo, solo entró la punta. Sentí mucha vergüenza porque creí que era culpa mía. A pesar de todo, se portó muy bien. Luego me enteré de que había hecho películas para adultos para ganar dinero extra y cubrir sus gastos.

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9.

El muchacho de p…ies grandes.

Conocí a un chico cuando trabajaba en una tienda de zapatos. Él sentía vergüenza por tener talla grande para el calzado, ante lo cual yo dije descaradamente, guiñándole el ojo: “Bueno, ya sabes lo que dicen de los que tienen pies grandes”. Corte a, empezamos a salir, y wow, descubrí lo inapropiada que había sido mi broma. El tipo era ENORME, mínimo 28 centímetros. El sexo era difícil, y me acuerdo que él decía mucho: “Sí, los hombres siempre quieren un pene grande, pero en realidad es muy molesto.”

10.

El maravilloso amigo con beneficios.

Solía tener sexo casual con un amigo. Y no miento: su verga parecía una lata de bebida energizante. Me refiero al tamaño y al grosor. La primera vez que la vi, juro por dios que pegué un grito. Al día de hoy, el mejor sexo que he tenido ha sido con él. Me hacía sentir completa; estaba en esa delgada y agradable línea entre el placer y el dolor. Ahora se me cae una lágrima por ese glorioso pene que perdí cuando él se mudó al otro lado del país.

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11.

El horticultor y exhibidor de la playa nudista.

Estuve unos meses en una playa nudista de Hawái. Un hombre tenía el pene más grande de la playa: algo enorme y no circuncidado de 30 cm y con un aspecto monstruoso. ¡Él tipo estaba tan orgulloso! Se pavoneaba por toda la playa sonriendo.

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12.

El rollo mágico de una noche.

Mi primer acostón de una noche fue a los 17. Estaba oscuro, me acerqué para jalársela y pensé que le había agarrado el antebrazo. Lo tenía tan grande que casi me rompe.

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13.

El bate de béisbol.

El pene de mi ex parecía un bate de béisbol. En serio: en longitud, grosor y forma. O sea, no literalmente, pero medía al menos 25 cm. La cabeza era más grande que el tronco, de modo que era maravillooooooso cuando se tomaba su tiempo para sacarla toda y volver a meterla. Pero yo casi sufría cuando me bombeaba; sentía que el útero se me doblaba del dolor.

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14.

El amante huevón.

25 cm y del grosor de mi muñeca. ¿El problema? Él pensaba que a la habitación solo debía llevar sus 25 cm para que el sexo fuese bueno. Se quedaba ahí como si fuese la encarnación física de un bostezo. ¿El mejor sexo que he tenido? Con un pene chiquito cuyo dueño me levantaba contra la pared.

15.

El gigante del fútbol americano.

Yo tenía 18 años y el chico con el que estaba saliendo era un jugador de fútbol americano de 2 metros. Cuando llegó el momento de desnudarnos, era tan grande que mentí diciéndole que me había quedado sin condones. Sin dudas, mi falta de experiencia influyó en mi falta de confianza. ¡No puedo decir que me negaría si lo viera hoy!

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16.

Y por último, el gran bofetón.

Al comienzo de mi segundo año del colegio universitario, conocí a un chico de otro colegio que estaba visitando a unos amigos. Terminamos agarrándonos esa noche. Su pene era el más grande que había visto en mi vida: medía al menos 25 cm erecto. Adelanto la película hasta el momento en que estaba por chupársela. Era demasiado grande para que entrara en mi boca y se salió, pero al hacerlo rebotó, chocó contra su estómago e hizo un ruido muy fuerte, como el de una bofetada. Me eché a reír tan fuerte que probablemente rompí el clima.

afin21

Este post fue traducido del inglés. Las historias han sido editadas por cuestiones de extensión y claridad.



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